14 febrero 2024

Insertando marcas de calidad informativa en contextos de desinformación

Reflexiones académicas Iberoamericanas para combatir los riesgos de la posverdad al elaborar noticias falsas o engañosas dentro de los siguientes conflictos: cuál es el modelo de negocio de los medios sociales, cómo la desinformación pública provoca desconfianza y polarización, en qué momentos se acentúa la problemática de las fake news

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“La democracia muere en la oscuridad”, eslogan oficial del diario The Washington Post

Cuatro documentos publicados en diciembre último y rescatados mediante alertas de Google Academic sirven de fuentes primarias para abordar el tema de la desinformación que bloquea el debate público, crea mega identidades partidistas y vulnera el goce de los derechos fundamentales.

Para desarrollar el asunto es necesario precisar con antelación este glosario: posverdad−también llamada mentira emotiva− (post-truth) es la distorsión deliberada de la realidad a través de discursos ideológicos para influir en las creencias políticas emocionales de los ciudadanos. Dentro de ese ámbito se encuentran dos tipos de desinformación, la entendida como el ejercicio de transmitir información errónea (disinformation) y la conocida como información intencionalmente engañosa (misinformation). Estas variedades se divulgan indistintamente mediante fake news: relatos periodísticos con información falsa que circula entre la ciudadanía con el fin de impactar su comportamiento social.

Conceptualmente las fake news se enmarcan en referentes sociales, se propagan mediante datos publicados y se protegen con la sombrilla de la posverdad. Las académicas de las Universidades de Sevilla y Málaga (España), María Lamuedra Graván & Lucía Ballesteros Aguayo, anotan en su artículo Fact-checking contra la desinformación: aprender a re-enmarcar en el aula y en la redacción periodística: “necesitamos verdades funcionales, y para tal fin se desarrollan diversos procesos institucionales” ya que una sociedad avanza en dependencia de los relatos adecuados que acontecen y son compartidos.

Cualquier relato atraviesa el entorno lingüístico que comienza en las estructuras mentales con las que los individuos damos forma al mundo que percibimos, de las cosas y de los seres. Aquellas estructuras están fijadas en la biología celular de nuestras redes neuronales que se activan al percibir ciertas experiencias del exterior. Por tanto, el ejercicio de informar verdades no se limita a registrar hechos como el marinero en el cuaderno de bitácora, por el contrario: es una acción que utiliza la racionalidad para representar el evento fundamentado en hechos.

El cerebro los procesa en la medida en que el flujo de la sinapsis cerebral establece relaciones duraderas o temporales entre ciertas metáforas, pensamientos y sentimientos que se han experimentado con anterioridad. De manera que el constante y repetido desarrollo de publicaciones y de datos se convierte en memoria a largo plazo cuyas estructuras mentales las fija el individuo gregario como asociación significativa y la sociedad las limita como visión de un mundo particular expresado en un lenguaje acorde.

Acentos de las fake news

Toda verdad incluida la de las Ciencias está sujeta a revisión. Así por ejemplo, la Policía en su labor diaria de detectar al delincuente debe verificar de modo permanente el archivo de sospechosos para actualizar y validar las búsquedas. De manera analógica lo deben hacer los medios periodísticos como institución encargada de seleccionar, explicar y relatar el acontecer cotidiano.

Los medios periodísticos, casi desde su origen, han rodado por el abismo temas noticiosos que exageran, a saber: el incesante impacto del crimen, la creciente incertidumbre social, la inviabilidad del mundo como lugar peligroso que requiere por tanto de cierto autoritarismo, etc. Los anteriores sustantivos así adjetivados acrecientan la mentira, la desconfianza y la posverdad, de la misma manera en que lo hacen la circulación de bulos específicos emitidos en medios sociales. Al respecto, más de treinta plataformas informáticas en línea y grupos verificadores de datos, entre otros firmantes, suscribieron en 2022 el “Código de prácticas reforzado sobre desinformación” de la Comisión Europea.

En complemento, el mundo moral subjetivo, de lo bueno y de lo malo, se configura con arreglo al discurso y su interacción social, así como también, en proporción a otras formas de habla y de texto. Este tipo de discurso y de interacción en la comunicación digital ha quedado atrapado en el modelo de negocio de los medios sociales, que “no pasa por la verdad sino por el engagement, de forma que fiscalizar la veracidad ha sido un elefante cada vez más grande e incómodo para la gestión de las redes sociales”, anota Alexandre López-Borrull, doctor en Química y licenciado en Documentación, en el artículo En busca de la verdad perdida: redes sociales y desinformación. También Nick Srnicek, profesor de Economía Digital en el Departamento de Humanidades Digitales del King's College London, sostiene que “las plataformas son modelos de negocios clave para extraer y controlar datos”.

El principal problema de las fake news se ha enfatizado en dos momentos estratégicos: la alternancia programada de las campañas electorales y los cambios forzados debido a crisis sociales. Las profesoras españolas explican, a través del autor George Lakoff, la dinámica del discurso de los republicanos de EE. UU. quienes han logrado que sus marcos mentales asociados a su cosmovisión social de la institución política se expresen con el lenguaje informativo aceptado como “guerra contra el terror”. Según los progresistas de esa nación, esa oposición guerra vs terror (alza de impuestos, intensa inmigración, continuidad de programas de ayuda social) ha sido aceptada últimamente como valor estadounidense pero los mismos progresistas no han logrado articularla con la tradición “Thanksgiving” o día de los valores de la familia originada en el año 1621.

Afirman Lamuedra Graván & Ballesteros Aguayo: “el contraste dialógico de perspectivas y encuadres es esencial para el pluralismo y la búsqueda de la verdad” pues son herramientas legítimas para persuadir, mientras que “el uso de la exageración, la tergiversación o la mentira deliberada para imponer marcos conceptuales son técnicas orientadas a promover un régimen de posverdad, por tanto, incompatible con la democracia”. Estas técnicas buscan generar una experiencia y una lógica alterativa e incompatible donde priman los intereses particulares de un sector.

Con Donald Trump se ha observado el segundo comportamiento en muchos frentes pero mientras fue presidente de Estados Unidos desmintió, cuanto pudo y sin argumento, al médico Anthony Fauci, especializado en inmunología, y culpó a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de estar demorando el desarrollo de las vacunas contra el Covid 19 debido a las elecciones presidenciales del 3 de noviembre de 2020. Esta conducta social de imposturas contribuye a generar más controversia social porque los medios informativos la amplifican en espacio destacado de los temas controvertidos.

Un ejemplo más cercano se evidenció con el discurso ideológico del actual Ministro de Salud de Colombia al señalar el 28 de noviembre de 2023, en un debate en la Comisión Primera del Senado de la República, que “todos los colombianos que están vacunados sirvieron para el más grande experimento que se haya hecho en toda la historia de la humanidad” [como si la inmunización mundial hubiera sido exclusiva para Colombia]. Y de nuevo, los guardianes de la libertad rodaron sus bulos de información cuesta abajo generando escepticismo social sin siquiera criticar este otro populismo ramplón.

Para explicar el segundo camino del acento de las fake news ha sido relevante el proyecto interdisciplinar de la Junta de Andalucía, en España: “Posverdad: un problema socio-político durante y después de la pandemia” dirigido por Juan Antonio Nicolás, director de la Cátedra G. W. Leibniz de Filosofía. Según el análisis de los expertos “las técnicas de posverdad se caracterizan por mentir deliberadamente, evitar el funcionamiento dialógico y sano de la esfera pública e imponer intereses particulares deslegitimando a los interlocutores y contribuyendo a un clima de desconfianza”.

Ante la posverdad se debería enfrentar el régimen de verdad que requiere: ética, promoción de la confianza, reconocimiento de los participantes en una esfera pública plural y uso sistemático de método para corroborar fuentes y, consustancial, verificar hechos. Como nada de eso ocurre, Lamuedra Graván & Ballesteros Aguayo conceptualmente insisten en aplicar la lingüística cognitiva como técnica del re-enmarcado para consolidar nuevos marcos mentales en los ciudadanos y transformar aquellos bulos, contenido sesgado, verdades no contrastadas. Para Teun van Dijk, lingüista neerlandés, se trata de la retórica persuasiva: “Si los receptores no tienen información alternativa o no tienen acceso a otros discursos, la credibilidad y retórica persuasiva del discurso público puede ser tal que muchos receptores adoptarán las creencias expresadas por esos discursos prejuiciosos”.

Aquel aspecto relacionado con la problemática fundamental de la desinformación no solo asegura juicios inexactos como referentes conceptuales sino que crea cámaras de eco −bucles de contenidos personalizados transmitidos por medios sociales− y con ellas mega identidades partidistas, según Mariano Torcal, catedrático de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra (España). Estas nuevas comunidades que se están creando con cierta uniformidad favorecen la polarización global afectiva, protegen la esfera pública local hostil, fomentan el distanciamiento social corporal y hasta rechazan la interacción con ciertos familiares y amigos. Para evitar la avalancha de su propio lodo, los medios periodísticos modificaron el sintagma nominal ‘mega identidades partidistas’ por el de ‘bodegas’ o ‘cibertropas’ o ‘granjas de likes’ puestas como centro noticioso desde el proceso del plebiscito sobre los acuerdos de paz en Colombia en el año 2016.

Como anota López-Borrull, “Si las plataformas y sus excéntricos propietarios no quieren gestionar la desinformación y si los usuarios se encuentran más cómodos viviendo sus posverdades, tenemos un problema” asentado en el discurso de odio que demolió la racionalidad comunicativa −ausencia de premisas epistemológicas y normas comunicativas− y ofrece ínfimo análisis para la producción de la información como bien público.

Desinformación en guetos y discursos de odio

Una segunda dificultad por las fake news, analizada con evidencia empírica, muestra la relación proporcional entre desinformación y discursos de odio en el denominado ecosistema mediático: aquellos guetos para circular relatos.

Ese otro nominal alterado −ecosistema mediático− en verdad debe ser denominado Polymedia: “todas las oportunidades comunicativas convergentes que los usuarios aprovechan para gestionar sus relaciones con base en las diferencias de los medios”, según definen sus creadores Mirca Madianou, profesora en el Departamento de Medios, Comunicación y Estudios Culturales de Goldsmiths en University of London, y Daniel Miller, del Departamento de Antropología de la University College London.

La investigación Desinformación y colectivos vulnerables. Estrategias pragmáticas en bulos y fake news sobre género, inmigración y personas LGTBI+ desarrollada por Carolina Arrieta-Castillo, doctora en Lingüística aplicada de la Universidad de Salamanca (España), manifiesta que “las falsedades son percibidas como estratagemas retóricas que ayudan a conceptualizar la realidad”. Tal marco, disputable y disputado, según el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, proviene de la ‘Infocracia’ −nuevo tipo de racionalidad comunicativa que degenera la democracia− erigida en los algoritmos que sustituyeron a los argumentos de la lógica de la razón y en la arquitectura digital de la Inteligencia Artificial que reemplazó al espacio domésticamente localizado del diálogo natural y presencial humano.

Arrieta-Castillo hizo una búsqueda de tres palabras clave ‘inmigración’, ‘género’ y ‘LGTBI’ con la herramienta Fact Check Explorer de Google y luego, usando los verificadores de origen español Maldita, Newtral y EFE Verifica reconocidos por la International Fact-Checking Network (IFCN) corroboró las falsedades identificadas y categorizó 7 tipos de mensajes desinformativos: contenido con información engañosa para incriminar a alguien; contenido genuino mezclado con información falsa; conexión ficticia en algún apartado de la noticia; contenido manipulado para engañar; contenido falso fabricado; sátira para ridiculizar a un sujeto y suplantación de fuentes genuinas. Su trabajo concluye entonces que la manipulación es evidentemente real en medios sociales, siendo el canal más frecuente, y casi siempre por emisores desconocidos.

Como características pragmáticas del listado de las desinformaciones, sostiene que detrás de esas redes se encuentran “las cámaras de representantes, pues gran parte de las falsedades provienen de los propios discursos de los políticos” y, para el momento de su investigación, Twitter fue la plataforma con más bulos identificados sobre colectivos vulnerables debido a que es donde más se producen ese tipo de mensajes o porque es donde más se denuncian discriminaciones.

Con esta prueba y con las conceptualizaciones de otros académicos, los guetos de las audiencias encuentran la recepción propicia para las desinformaciones ya que sus receptores agrupados poseen marcos cognitivos preexistentes favorables a alguno de aquellos 7 tipos de mensajes desinformativos. Y sobre todo, debido a que:

a) las intenciones de los mensajes desinformativos tienen más probabilidades de ser compartidos por ciertas audiencias que los mensajes verdaderos, afirman Vosoughi, Roy y Aral, profesores en The Media Lab. del Massachusetts Institute of Technology (MIT); y los discursos destinados a distintos colectivos pueden controlar los modelos mentales que forman los individuos, manifiesta la teoría Estudios Críticos del Discurso de Teun van Dijk.

b) el alcance de la desinformación se está lanzando hacia poblaciones de inmigrantes, de ecologistas o de feministas. Así por ejemplo, un discurso ideológico contiene la figura del imaginario invasor construida con base en el estigma del bárbaro terrorista, que expresa características inherentes con la violencia, la crueldad y el fanatismo e introduce distintos desórdenes en la nación que lo recibe, precisa Enrique Santamaría, profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad de Barcelona.

Otros mensajes desinformativos contra colectivos −siendo los menos peor− transmiten valoración compasiva al representar a los sujetos que atacan como meras tramas complejas. Verbigracia, en los mensajes con desinformación sobre género se cuestiona la utilidad del feminismo disputando su objeto de acción: la discriminación de las mujeres, la exageración del discurso, etc.

c) atajar estas intenciones deliberadas requiere quizá de mecanismos de control y desarrollo de instrumentos para verificar hechos, plantean las Doctoras y Magister en Comunicación en Medios Krause, Freiling, Beets y Brossard. Por ejemplo, habilidad en medios, en información, aptitud interpersonal, fortalecimiento y goce de derechos fundamentales, contraste de fuentes, uso de antecedentes, contextualización, explicación, interpretación de hechos, lenguaje divulgativo...

Marcas de calidad

Profesores en la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República de Uruguay, Magela Cabrera Castiglioni, Javier Canzani Cuello & Ignacio Saraiva Cruz, en el documento Pautas de alfabetización informacional y mediática en contextos de desinformación, presentan pautas de alfabetización en información y en medios para que los consumidores posibiliten el desarrollo de nuevos recursos e insumos con el fin de afrontar estos contextos de desinformación.

Rescatamos dos acciones de dos competencias por ser intrínsecamente naturales: “conocer las legislaciones vigentes en relación con el derecho de autor y el uso ético de la información como dimensión que proporcione elementos para consumir y comunicar información” y “reconocer nuestro estado como sujetos de derecho en el marco de la sociedad para el pleno goce del derecho de acceso a la información y la libertad de expresión”.

En Colombia los discursos expresamente prohibidos se refieren a la apología del odio que constituya incitación a la violencia, la incitación al genocidio, la incitación al terrorismo, la propaganda de la guerra y la pornografía infantil. Por antagonismo, la libertad de expresión protege tres tipos especiales de discurso: los políticos y sobre asuntos de interés público (Sentencia T-242 de 2022), el que expresa elementos esenciales de la identidad o la dignidad personal (Sentencia T-179 de 2019) y los referidos a funcionarios o personajes públicos (Sentencia T-277 de 2015).

Una revisión constitucional de tutela elaborada por la Sala Plena de la Corte Constitucional convocó a audiencia pública el 28 de febrero de 2019 a expertos en el tema donde argumentaron los siguientes asuntos:

1) el derecho a la libertad de expresión fue creado justamente para proteger las opiniones que la mayoría de la sociedad no está dispuesta a escuchar, incluyendo a los jueces, y para garantizar la protección de los Derechos Humanos. A pesar que un link, un retwitt, un like, son elementos informáticos no se concluye por ellos mismos el impacto, la exposición o el daño. Existen otros distintivos como la buena fe, la razonabilidad y la proporcionalidad de las personas: Catalina Botero Marino, ex Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

2) el derecho a opinar cuenta con una protección mucho más amplia en el marco de una democracia pluralista, dado que prevalece la subjetividad del emisor del mensaje soportada en el ejercicio de la libertad de opinión. Puede ser que la idea expresada moleste, sea equivocada, provocadora, revolucionaria, inmoral pero quien opina tiene derecho a expresarse y a difundir sus formas de ver el mundo de las cosas y de sus semejantes: Defensora Delegada para Asuntos Constitucionales y Legales de la Defensoría del Pueblo.

3) el derecho de la libertad de expresión puesto sobre Internet ha representado un cambio en la forma en que se ejerce, por la transmisión de datos en tiempo real a través de múltiples formatos; por la reducción o eliminación de las distancias físicas; por el aumento de la capacidad de las personas para recibir, buscar y difundir información; porque representa una forma de democratización de la expresión donde el discurso público deja de ser moderado por periodistas profesionales o por medios tradicionales: Magistrados de la Sala Plena, autores de la Sentencia de Unificación 355 de 2019.